Cómo empezó todo
En 2016, nuestra fundadora, Elena Bravo, dejó un puesto de dirección financiera en una multinacional para montar su propia consultoría en Sevilla. La razón fue sencilla: estaba cansada de ver cómo las grandes empresas tenían acceso a asesores de primer nivel mientras que los dueños de pymes tomaban decisiones importantes completamente solos.
El primer año fue duro. Elena trabajó con solo cuatro clientes, todos ellos negocios familiares del barrio de Los Remedios. Uno era una panadería con tres generaciones de historia que estaba a punto de cerrar. Otro, un taller de costura que quería vender online pero no sabía cómo fijar precios para envíos nacionales.
Esos cuatro casos le enseñaron algo que los manuales de MBA no explican: el dueño de una pyme necesita alguien que entienda que su negocio es también su vida personal, su hipoteca, la nómina de personas que conoce por nombre. Las soluciones de libro no funcionan si no se adaptan a esa realidad.
Desde entonces, hemos trabajado con más de 180 empresas en Andalucía. Algunas tenían dos empleados, otras cuarenta. Lo que todas compartían era una pregunta: ¿cómo paso al siguiente nivel sin perder el control?